Una reflexión sobre el estado del arte en suramérica para empezar.

Mucho se ha escrito y hablado por parte de reconocidos expertos sobre los factores de éxito de los proyectos y de los emprendimientos desde una óptica bastante profesional;  desde mencionar y explicar factores tales como el “ROI”, “Los procesos de cierre”, “La gestión de la calidad”, “La gestión de los tiempos”, “La importancia de indicadores como el EBITDA”, “Las rondas de financiación” y todos esos términos extraños que para algunos serán muy familiares e importantes, al mismo tiempo que para otros se convierten en verdaderos dolores de cabeza; no obstante, la realidad (al menos en lo que a nuestra experiencia y estudios recientes respecta) es que el 80% de los proyectos y emprendimientos, son proyectos a los que llamaremos “de menor escala“; es decir, que en realidad son muy pocos los proyectos relacionados con infraestructura a gran escala, extracción de pozos petroleros, desarrollos tecnológicos de alta envergadura o transformaciones y fusiones empresariales multinacionales, lo cierto es que los proyectos “de menor escala” tales como proyectos sociales y comunitarios de base (como el montaje de un centro de atención infantil o de un programa de beneficios a población vulnerable), los proyectos educativos, deportivos y los emprendimientos personales, ocupan el porcentaje más alto en el mundo de los proyectos, por lo tanto, no es cierto que siquiera el 10% de los proyectos en el mundo estén orientados por las excelentes prácticas relacionadas con PMI, pues no podemos desconocer que aun casos tan sencillos como la proyección de una película infantil con el fin de recaudar fondos para la comunidad de un barrio marginado, puede ser considerado como un PROYECTO en el estricto sentido de la palabra, y si bien debería de ejecutarse llevando a cabo las prácticas mencionadas, lo cierto es que no sucede de esa forma; adicional a esto, este tipo de proyectos (que bien podrían constituirse en el porcentaje más alto de proyectos en los países suramericanos), son llevados a cabo por personas “promedio“, y con promedio nos referimos, no despectivamente por supuesto, a personas sin ningún tipo de formación especializada, incluso sin ninguna o muy poca formación académica o de competencias específicas en algún campo profesional, lo cierto es que al menos en los países de suramérica, la mayor parte de los emprendimientos y proyectos son intentados o llevados a cabo con un alto porcentaje de fracaso por personas con los siguientes perfiles y características que atenúan las dificultades que impiden el éxito en sus proyectos y emprendimientos:

  • Líderes sociales y comunitarios, en su gran mayoría sin formación académica, o en casos esporádicos solo cuentan con asistencia a cursos cortos y diplomados sencillos, este perfil incluye a miles de representantes legales de fundaciones sociales
  • Estudiantes de último grado universitario, que sin demeritar su posible buen desempeño académico, es lógico que carecen de todo tipo de experiencia y conocimiento especializado sobre el sector o dinámica de la profesión que han estudiado
  • Recién graduados, con similares características a los anteriores y con el agravante de que adicionan a su débil experiencia y conocimiento, la intrincada expectativa de definir su orientación vocacional dentro de un amplio rango de posibilidades ofrecidas por su profesión
  • Desempleados, que si bien estuvieron vinculados por mucho tiempo a un oficio o sector económico específico y lograron acumular un amplio conocimiento sobre la dinámica de un negocio en particular, en la mayor parte de los casos siempre lo hicieron desde su posición de subordinados y ejecutando tareas netamente operativas
  • Por último (aunque no abarcamos todos los perfiles, pero si los más comunes en nuestras consultorías), podemos citar a Los Rebuscadores, son esos que nunca se interesaron por su formación profesional (quizás, por qué no considerarlo una posibilidad, siguiendo el “ejemplo” de algún steve jobs o del algún otro zuckerberg o gates, que abandonaron la universidad y optaron por emprender, sin considerar el talento y dones naturales de los susodichos)

Si bien podríamos decir que en estas categorías caben millones de personas, también debemos decir que es una realidad que llama a nuestra puerta constantemente, pues es este el tipo de clientes potenciales con los que permanentemente nos encontramos, por otro lado, en los análisis y auditorias realizadas por nosotros a diversos proyectos, incluso proyectos de inversión pública, nos encontramos con que un altísimo porcentaje de los “líderes de proyecto” tienen los perfiles citados, lo cual se configura en una preocupante alarma; el mayor porcentaje de los proyectos y emprendimientos “de menor escala”, están siendo orientados por personas sin ninguna preparación para obtener el éxito en ellos.


Las 2 causas principales del fracaso en los proyectos de menor escala.

Como mencionamos antes, vamos a obviar lo que para muchos podría ser la causa número 1 en el fracaso de un proyecto, y que consiste en ejecutarlo sin considerar ninguna de las especificaciones de calidad profesional con las que se orientan los proyectos de alta envergadura; mas bien, vamos a centrarnos en las verdaderas posibilidades de éxito que pueden llegar a tener los pequeños proyectos locales. Aun cuando sabemos que existen múltiples factores y causas para el fracaso de un proyecto, queremos centrarnos en los dos factores que para nosotros son no solo los más comunes sino los más determinantes en el éxito o fracaso de un proyecto, pues de neutralizarse podríamos garantizar el éxito total; y que por supuesto están estrechamente ligados a las particularidades y características de las personas “promedio” que los lideran o pretenden orientarlos.

  • DESCONOCIMIENTO DEL SECTOR ESPECÍFICO DEL PROYECTO O DEL SECTOR ECONÓMICO DEL EMPRENDIMIENTO. Permanentemente nos encontramos con “líderes de proyecto” que desconocen en absoluto las características, la normatividad legal y jurídica, la idiosincracia y las dinámicas sociales, políticas y económicas de los sectores en los que pretenden desarrollar sus proyectos o emprendimientos; en un alto número de entrevistas y consultorías nos hemos encontrado con que los proyectos son desarrollados en ciertos sectores casi que por casualidad o coincidencia, coincidencia en el gusto de quien promueve el proyecto, casualidades generadas al encontrarse en el lugar y momento correcto de una serie de necesidades a resolver, es así como podemos observar por ejemplo, iniciativas para la formación de actores sociales en temas como intervención de población juvenil de alto riesgo, que son lideradas por personas que nada conocen de las leyes de juventud o de técnicas y metodologías para el trabajo con jóvenes y jovencitas; o iniciativas empresariales orientadas al montaje de una panadería sin ninguna formación específica en el oficio, por citar un par de casos.

Para garantizar el éxito rotundo de un proyecto o idea de negocio, es de vital importancia contar con conocimiento a profundidad de todos los aspectos normativos, políticos, económicos, sociales y culturales del sector en el cual se desarrollará un proyecto o emprendimiento, incluso es altamente preferible tener una vasta experiencia y trayectoria en dicho sector.

Aquí es importante establecer, como lo mencionó hace muchos años Napoleón Hill en sus libros, que NO IMPORTA EN PODER DE QUIEN ESTÉ DICHO CONOCIMIENTO, SINO QUE ESTE SEA PUESTO AL SERVICIO DE LA IDEA A DESARROLLAR. Dicho en otros términos, no necesariamente el emprendedor o el líder de proyecto son quienes deben poseer el conocimiento o experiencia, basta con saber asesorarse de aquellos que si poseen ambas cosas.

  • FALTA DE LIDERAZGO EFECTIVO. Sin centrarnos en un discurso sobre lo que el liderazgo es o no es, solamente deseamos hacer notar que hemos identificado una falta de liderazgo efectivo en un altísimo porcentaje de proyectos auditados, falta de liderazgo que se expresa y manifiesta en los siguientes comportamientos entre otros.
    • Incapacidad de conformar y guiar equipos de trabajo altamente efectivos, esto es reflejado en actitudes como las que se enlistan a continuación
      • incapacidad para pedir ayuda,
      • incapacidad para dejar de lado los lazos emocionales al momento de elegir a los miembros del equipo de trabajo (cuando lo hay, es decir que en la mayoría de los casos, cuando logra existir un “equipo de trabajo”, sus miembros no se escogen por habilidades y competencias necesarias, sino por mediar lazos emocionales),
      • incapacidad de impartir instrucciones claras y precisas para las tareas que se requieren (incluso en la mayoría de los casos se desconoce cuáles son dichas tareas claves para el éxito del proyecto),
      • Incapacidad de escuchar y reconocer errores tanto propios como del proyecto, esto se evidencia incluso en la incapacidad para aceptar la intervención en procesos de asesoría o consultoría especializada, pocas veces una buena asesoría logra terminar con éxito un proyecto atendido desde un punto de no retorno, no se puede olvidar que por las mismas razones que se han mencionado, las asesorías son solicitadas solo en el momento en que los múltiples problemas en un proyecto comienzan a salirse de control, en estos casos la asesoría solo logra conducir los proyectos hasta su etapa final para dar cumplimiento a los objetos contractuales, más no garantiza que dichos proyectos sean exitosos.
    • Incapacidad y deficiencias en la toma de decisiones críticas. Saber abandonar a tiempo un proyecto, un plan o una idea, en realidad es una virtud que muy pocos logran desarrollar, se requiere de un muy desarrollado carácter para lograr decir NO a tiempo y para cambiar los planes en el momento justo. Tenga presente el siguiente hecho:

Si usted está comprometido en una empresa (proyecto o idea) de gran importancia para usted, y si quiere asegurarse el éxito, ha de tener planes que sean infalibles

Si su primer plan fracasa, ¡intente otro! Si el primer plan que usted adopta no funciona con éxito, cámbielo por uno nuevo; si este nuevo plan tampoco funciona, vuelva a cambiarlo por otro, y así sucesivamente hasta que encuentre un plan que dé resultado.

Aquí se encuentra la causa principal de que la mayoría de las personas tope con el fracaso, debido a su falta de perseverancia en la creación de nuevos planes para sustituir los que no funcionan.

La persona más inteligente no puede tener éxito en ninguna empresa o proyecto sin contar con planes que sean prácticos y viables. Tenga presente este hecho, y, cuando sus planes fallen, recuerde que un fracaso temporal no es lo mismo que un fracaso permanente. Un fracaso indica sólo que los planes no eran buenos. Haga otros. Vuelva a empezar todo de nuevo. El fracaso temporal debe significar sólo una cosa: la certidumbre de que hay algo que no funciona en lo planificado.

 

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